Sabes cuando tienes tantas ganas de algo, cuando sueñas con ello noche tras noche y, cuando por fin lo encuentras... pierdes las palabras. Olvidas todo lo que llevabas queriendo decirle desde hacía días, se queda tu mente en blanco y el corazón te empieza a latir cada vez más rápido. Cada vez más nervioso. Y te trabas, te agobias, y el simple hecho de tenerlo cara a cara -cosa que llevas esperando tanto tiempo- te genera ansiedad. Dime, ¿por qué? ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué el miedo a equivocarse?
Luego lo piensas y suena tan absurdo. ¿De qué tenías miedo? ¿De decir alguna gilipollez y así perderle para siempre? sabes que te quiere de verdad, que son esas gilipolleces tuyas las que te hacen diferente. Sabes que es de esas tonterías que sueltas las que le enamoran. En realidad es la última persona a la que te debería dar miedo decirle algo. Debería comprenderte, ¿no? Debería saberlo todo de ti. Porque confías en ella, y ella en ti. Porque si de verdad quieres que sea la persona que comparta tu vida deberías quitarte la máscara y el disfraz con el que te presentas a todos.
A veces me pregunto la de cosas que no nos atrevemos a decirnos por ese miedo absurdo a cagarla. La de cosas que no hacemos porque tememos la reacción del otro. Los nervios aún, el no saber qué decirle. La ansiedad.
No, no más. Confío en ti, y te quiero. Y nunca nada malo podrá pasarnos. Y si alguna vez te equivocas, te lo diré, con una sonrisa, y lo arreglaremos juntos. Porque te quiero, y lo voy a hacer siempre, ¿me entiendes?
Siempre.