Pero aún me odio más a misma, por haberte soportado todo este tiempo, por no haber visto como eras desde el principio, pro haber permitido que jugases conmigo así. He de admitir que me duele tu indiferencia, que te perdonaría si me lo pidieses, pero sé que no vas a hacerlo ye so me duele aún más. Nunca nadie ha sido nada para ti, y yo aún menos. Yo he sido tu diversión cuando nadie te quedaba, la que llamabas, te follabas, y hasta luego. La que te esperaba dos horas en la parada porque estabas "enfermo", la que, a pesar de todo, siempre ha estado ahí para ti por muchas veces que le fallases. Porque recordaba tus ojos azules y creía ver algo de cariño en ellos. Pero ahora sé que fue inventado, que todo lo que buscabas estaba mucho más abajo del corazón, justo debajo del ombligo.
¿Cómo he podido ser tan gilipollas? ¿Cómo he podido concederte siempre todo lo que has querido y más?
Me duele que desaparezcas, es cierto, porque eras parte de mi vida. Una parte que quizá era mejor olvidar pero no quería. Pero no queda otra, ¿sabes? No queda otra. No voy a volver a contestarte un privado, que no se te vuelva a ocurrir pedirme que vaya a verte o decirme que me echas de menos.
Te odio. A ti y a tu maldita forma de fumar y de liar cigarros.
Pero por fin, cómo ellos, te has apagado.
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