8.12.10

Cigarros de liar que nunca se apagan.

No quiero pensar en el futuro porque hay posibilidades de que no estés, y eso duele. Prefiero dedicarme a vivir este presente a tu lado, siendo tú este sol de invierno que calienta mucho más que el verdadero, que mi alma triste ansía sentir a cada momento que no está al lado tuya. Me gustas mucho, mucho. No te lo digo como se lo dicen ellos, te lo digo porque me lo piden los dedos, la piel, cada parte de mi ser. A todas ellas les encantan. Mis manos no quieren separarse de las tuyas, mis ojos podrían mirar a los tuyos sin pestañear, siglos y siglos. Y qué decir de mis labios que ya no sepas.
Quiero jugar contigo a todos los juegos que sé, y a todos los que nos quedan por aprender. Quiero que nadie nos comprenda y eso nos haga aún más cómplices. Quiero que envidien nuestras imperfecciones aquellos que se creen perfectos, que les duelan nuestros defectos por no ser suyos. Quiero ser la guitarra a la que toques cada noche antes de dormir, quiero inventar todas las melodías que quedan por inventar, y repetir la que todos se saben de memoria. Quiero enredarme en tu pelo cuando no haya sábanas, oler tu perfume. Quiero crear cosas nuevas. Bañarnos desnudos a la luz de la luna.
Quiero contarte todos mis miedos para que los espantes, llorar todas mis lágrimas y que seas tu quien las seque. Que cuando salga corriendo, seas tú quien me persiga. Que seas tú el que me encuentre en mis nubes cuando me esconda de este mundo que no comprendo, y que me ayude a bajar. Y buscarle un sentido que tiene. Quiero reír de tus tonterías y escuchar lo profundo de tu corazón hablar.
Quiero todo, absolutamente todo contigo. Quiero ser olas y viento y una cometa que manejes.
Lo único que te pido y que no quiero, es que te marches, que desaparezcas.
Si un día salgo corriendo, y no me paras, no dejaré de hacerlo hasta tropezar. Y ya sabes qué pasa cuando yo tropiezo.
Si alguna vez subo a mi nube y es otro el que viene a bajarme, no lo haré. Saltaré desde lo alto y de cabeza.
Cerrando los ojos.
Y cómo último deseo, que seas tú el que me rescate.
Me tienes a tus pies y eso es algo que pocos pueden decir. Yo, que era la que tenía todo bajo control. Que si notaba que algo fallaba lo tiraba todo por tierra y desistía. La que jamás ha luchado porque tiraba la toalla mucho antes de empezar.
Me tienes tan desquiciada que no sé.
No sé.
Me consuelo que aunque no estés aquí, en mi portal, en mi cama, en mi sofá o entre mis brazos, estás en mi cabeza.
De ahí no te vas a ir nunca.
¿Verdad?
Quiero que lo prometas.
Si te vas, y sólo queda la ceniza, y el recuerdo, prometo no volver a fumar.
Lo juro.

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