6.12.10

Olvídame, dices.

Olvidado ya estabas cuando conocí sus ojos marrones. Ahora simplemente estás bajo tierra, te has convertido en polvo. Puedes pedirme perdón mil veces y besarme los pies que no servirá de nada, aunque sé que no lo harás. Me arrepiento de todo, ¿me escuchas? De todo. Nunca me he arrepentido tanto de algo. Me arrepiento de nuestra primera vez en un baño, me arrepiento de haber estado contigo en lugares maravillosos que tú nunca has sabido apreciar, me arrepiento de habértelo dado todo a cambio de nada. Siento haber sido una niñata engatusada por tus ojos azules. Pero nunca más volveré a hacerlo. No me pidas perdón, ya es tarde.
Adiós, Sergio, adiós.
No hasta luego, ya se acabó. Hasta nunca.

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