Es fácil decir, pensar, que no te quiero. Que no te necesito. Es fácil no echarte de menos con todo ese trajín de levantarse, lavarse la cara, deberes, exámenes, agobios, y mil cosas más. Tengo demasiadas cosas en la cabeza como para recordarte durante el día, brilla demasiado el sol como para preocuparme por ti. No te busco, no te pienso, no existes.
Pero todas las noches cuando no soy dueña de mí misma me visitas, me arrancas un par de lágrimas, y me recuerdas que nunca estarás ahí para mí. Que no te conseguí. Que eres una batalla perdida más.
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