Este calor asfixiante está asfixiando también mi corazón. Me consuela el que no sean días tristes, sino llenos de sol. Pero falta algo, falta amor. Está vacía de cariño esta habitación. Sólo puedo querer a quien no me hace bien. A quien miente, a quien de mí se ríe.
Sólo sé estar bien llorando y echando de menos, y preguntándome por qué cojones no me hace caso, qué hago mal, que tienen ellas. ¿Por qué no puedo tenerlo yo? Ugh. No me gusta perder batallas, es más, lo odio. Odio que me puedas, que me pierdas cuando consigo encontrarme. Odio mirarte como te miro, sobresaltarme cada vez que leo tu falso apellido. Casablancas, no eres bueno para mí. No eres bueno para mis nervios. No me gustas, no me diviertes, no sé que tienes que me gusta, si es que hay algo. No sé el por qué de este vacío. Quizá no seas tú, sino yo.
Pero no vales la pena. No la vales, lo tengo claro, y por mucho que te esfuerces no volveré a ser la gilipollas de antes, lo tengo muy claro.
Lo siento Casablancas, no eres para mí.
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