23.2.11

Presa de ti.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien

cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;

alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina

por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,

y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu 
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor, 
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero


20.2.11

...

Pues resulta que... que sí.
Que sí que puedo vivir sin ti.
Que lo que ya no aguanto más es vivir contigo.

19.2.11

.

Sí, sí que lo sé.
Sé que sigues en mí como un parásito del que no quiero deshacerme. Que corres por mis venas como sangre, que vivo en tu permanente recuerdo. Sé que mi vida sería mejor, más fácil, si tú estuvieses conmigo. Que sería mil veces más bonita, más de mil. Que nunca más lloraría, que nunca más habría dudas.
Pero hemos nacido en el lugar equivocado, ¿verdad?
Pero no importa.
Créeme, mi vida, a mí no me importa.

28.12.10

J.


Vivía en un caos. No seguía el ritmo de los demás, demasiado ruido. Cuando tropezaba, nadie la ayudaba a levantarse. Por cada lágrima, cero sonrisas. A ella solo se acercaban pequeños astros sin importancia, soles de plástico, que sólo buscaban calentar debajo del ombligo. Pero ella siempre caía en sus juegos, confiaba en sus pséudosonrisas llenas de deseo. Se abandonaba a ellos y ellos la abandonaban. Poco a poco, dejaron de cobrar sentido los besos. Los ‘te quieros’ se deshacían con tocarlos. Es lo que tiene el humo, existe dos segundos y luego se alza al cielo y como si nunca hubiese existido.

Y ella quería ser como el humo. No quería existir si sus días eran dolorosos, llenos de mentirosos intentando llevársela a la cama, y por la noche nada ni nadie con quien valiese la pena soñar.
El tiempo le hizo dejar de preocuparse por aquellos soles de petróleo que calentaban mal. Empezó odiando su perfume, a tabaco, a quemado, a desesperanza y falsedad. Acabó dándose cuenta que no era más que un cigarro más en su cajetilla. Los consumían en sus labios secos, de papel. Los agotaban, desesperados, buscando en ellos algo que no encontraban en su interior, buscando sentirse mejor. Y una vez acabados, no encontraban sino más soledad y vacío. Los tiraban al suelo, los pisoteaban. Los apagaban.
No quería sentirse un cigarro más, se consideraba una persona. Una persona imperfecta como otras personas. Se alejó de aquellos seres crueles que lejos de ser imperfectos eran desechos que por no querer, no se querían ni a sí mismos. Al fin y al cabo, no eran más que una pérdida de tiempo y lágrimas.
Así, mientras vagabundeaba buscando un lugar alejado de aquellos imbéciles, su fuego se hacía cada vez más débil. Los superficiales astros no buscan flores marchitas, así que dejaron de fijarse en ella al pasar a su lado. No comentaban el sensual tono de sus labios, pues se había apagado. Su pelo estaba enredado y sus ojos habían perdido el brillo. Aquello sólo fue un palo más a su autoestima ya deshecha. Otro más, qué importa, pensaba.
 Que no te quieran no es ningún consuelo a que te quieran mal, creedme.
Pero siguió avanzando y, al fin, encontró el lugar perfecto. El centro de aquel huracán, donde nunca ocurre nada. Esperaba, aunque no albergaba casi esperanzas, que algún día alguien la sacase de allí. Pero nadie sabía de su escondite. A nadie le comentó a dónde iba, nadie le preguntó. Y aunque lo supiesen, aunque se hubieran interesado por pena o curiosidad… ¿a quién le importaba lo suficiente para ir a buscarla? No tenía esperanzas. Bueno, tenía, porque nunca dejan de tenerse. Pero eran las mínimas.
Echó raíces en su centro, donde al menos el ambiente era puro y el humo no contaminaba sus pulmones. Su corazón oxidado y cansado de preguntas y ‘te quieros’ de humo se calmó. Allí no había cuestiones, al igual que no había problemas. Allí no había nada, ni nadie, excepto ella. Ella, viendo las horas pasar, mientras el tiempo permanecía parado.
No sabía si fueron horas, o días, o años. No amanecía en aquel universo donde no soplaba el viento, privado de luz. Sentada, esperando siempre algo que sabía que nunca llegaría. Pero le daba miedo volver al mundo real sola, donde volverían a jugar con ella, volverían a hacerle daño. La única luz que había conocido la irradiaban soles de plástico que sólo ardían de cintura para abajo. Para eso prefería la oscuridad de su escondite.
Mientras, su corazón se moría de frío.
El silencio la incitó a pensar, a darle vueltas a lo vivido en aquel caos que ahora miraba desde lejos, sin dejar que le afectase. Le gustaría pensar que le dolía que nunca nadie hubiera sentido nada por ella, o que ella nunca había sentido tampoco nada por nadie, pero no estaba dolida. Ya no. Y tampoco recordó haberlo estado. Tampoco estaba triste. Pensándolo, ni siquiera estaba, ya no. Había desaparecido y no dejaba que nadie la viese, ni soles, ni lunas, ni estrellas. Pensó que quizá aquello no era lo normal, pero no le preocupaba. No era la única razón por la que sentirse incomprendida. Al fin y al cabo, estaba allí, y sola, ¿no? ¿Qué hay más incomprensible?
Su corazón cada vez tenía más frío, y pronto se dio cuenta que era era la razón por la cual no sentía. Cada vez recordaba más lejanos los sentimientos.
Cayó enferma, intoxicada por el no sentir. No hay médicos que entiendan de eso, no los convencionales. Quizá algún que otro psiquiatra, pero ella no quería psiquiatras. No le hacía falta que le dijesen algo que ya sabía. Estaba loca, vale. ¿Qué solucionaba saberlo?
Notaba sus pulmones rechazar el aire que aspiraba, su corazón estaba tan helado que la sangre se negaba siquiera a acercarse a él. Se moría, y lo sabía. Pero no lo sentía. No estaba triste. No sentía nada.
Se estaba muriendo poco a poco y no tenía fuerzas ni ganas de evitarlo.
Y, de pronto, una luz.
Se le antojó demasiado lejana, pero estaba junto a ella. Era una luz tan débil que no la había visto antes, pero llevaba días acercándose. Pensó que estaba muerta, y casi lo sintió como un consuelo. Pero no era así. Era una persona.
Las almas brillan, ¿sabéis? Sólo algunos humanos se dan cuenta. Hay personas sin alma, porque nacen sin ella, porque la pierden. O porque se les apaga. El alma es lo que sentimos, lo que no tiene explicación. Lo que en teoría no nos haría falta para estar vivos, pues tenemos un cuerpo que se las apañaría bien sin ella, pero sin embargo, ahí está. Repleta de luz y emociones. Casi siempre.
El alma de ambos estaba en las últimas, por eso su intensidad. Pero él, a diferencia de ella, aún no había perdido la esperanza. Había seguido andando, sin permitirse parar a descansar. Y al fin había encontrado lo que buscaba. Su luz brilló un poco más, hasta despertarla. La ayudó a ponerse en pie. 
Se miraron el uno al otro, con cuidado, intentando olvidar lo vivido. Ambos sabían que si pensaban, si se hacían preguntas, saldrían corriendo a esconderse de nuevo, a esconderse en la triste soledad. Pero estaban cansados de vivir ocultos a la realidad. Él estaba convencido que no todas las lunas eran lunas de plástico maquilladas, tenía esperanzas de encontrar una de verdad, una que sangrase si le hacían daño, una a la que curar y cuidar.
La luna que tenía enfrente estaba tan llena de cicatrices que casi no podía contener las lágrimas. Al verle, su luz plata se iluminó un poquito. Un poquito más, cada segundo, quiero decir. Volvía a sentir.
Lo miró a los ojos, buscando aquello de lo que carecían el resto de seres que había conocido. Y lo encontró. Sus ojos castaños brillaban, como su alma. Tenía algo dentro, algo grande, increíblemente grande y cálido. No era una maldita cáscara vacía. No aparentaba ser algo que no era. Volvieron las esperanzas.
Se acercaron más, y él notó el frío de su corazón. La abrazó, y ella se dejó, sintiéndose extrañamente bien. Extrañamente feliz. 
Nunca la habían abrazado
Dejó que su cuerpo la rodease y calentase su pobre corazón helado. Le devolvió el abrazo, con lágrimas en los ojos. Le besó en los labios, lloró en su hombro. Notó mil sensaciones distintas nacer en su interior, cosas que nunca había sentido. Un nuevo huracán, pero que no la descolocaba y confundía. Un huracán de sentimientos alegres, de ganas de saltar y gritar. De libertad, de felicidad.
Supo que él la entendía, incluso sin palabras. Le secó las lágrimas, la cogió de la mano.
La condujo lejos de aquel lugar frío y triste, sin soltarla ni un momento. Su mano no quemaba, no buscaba quitarle la ropa. Se sintió infinitamente feliz por el simple hecho de tenerlo al lado, y de que se preocupase de sacarle de aquel infierno. No se había dado cuenta hasta ese momento de lo horrible que resultaba haber pasado tanto tiempo allí, sin moverse. Sin inmutarse.
 Sin haberlo conocido antes
Aunque hubiese merecido la pena la espera.
Siguió avanzando, hasta ver aquel caos frente a ella. De nuevo, tuvo miedo. Dejó de avanzar y soltó su mano. ¿Y si solo se camuflaba bajo una falsa apariencia, pero buscaba lo mismo que los demás? Lo miró a los ojos. Podía ser, podía engañarla. Podía desaparecer después de haberla cautivado. Hay tantas personas crueles, que adoran herir a los demás... Pero sentía que él era diferente, que era de verdad. Quería sentirlo. Su calor no quemaba y sus labios eran suaves. Sus ojos brillaban.
Decidió arriesgarse, a pesar de saber que si volvía a caer no podría levantarse. Él le prometió sin palabras que nada malo iba a pasarle, sólo con un beso. Cogió su mano, cerró los ojos. Notó como volvía el olor a humo, petróleo y alcohol, el ruido, la gente… Pero cuando volvió a abrirlos, todo estaba en orden. Él hacía que todo estuviese en orden.
De pronto, todo tenía sentido.
Volvía a sentir, pero esta vez lo agradecía. Sentía ganas de saltar, de reír, de abrazar al luminoso ser que se había recuperado con ella, en el que se había apoyado, que había calentado su corazón a la vez que calentaba el suyo. 
Sintió que, a partir de entonces, ya no podría vivir sin él. Y se lo dijo.
Y él sonrió. 
Sólo eso, sólo sonrió.

Pero te prometo que no hizo falta nada más, que nunca nada me he sentido mejor que ese gesto. Puedo jurar que nunca he vuelto a ver nada tan bonito como su sonrisa.

Hace mucho tiempo que escribí esto. Concretamente, el 20 o el 21 de noviembre. Antes de que ocurriese todo esto. Tenía ganas de que lo leyeses. Te amo.

...

No me conoces, no sabes quién soy. Nunca me has oído hablar, no has visto mi sonrisa, no te he dicho ninguna broma, no me has dado ni una sola oportunidad. Has decidido juzgarme por algo que escribí, y en vez de hacerlo para bien, fijándote en lo bueno, has elegido darle la vuelta a todo, convertir una historia de amor en un relato cerdo y superficial. Pues bien, yo no puedo hacer nada, yo no voy a hacer nada. Nunca hubo mayor ciego que aquel que no quería ver.

14.12.10

M y o n l y e x c e p t i o n.



Sólo quiero que se acabe esta maldita monotonía de exámenes, deberes y profesores para quererte a cada segundo del día. Me encantaría empezar un nuevo año contigo.



13.12.10

Adoro saber que soy tuya.

Ojalá lo supiese el resto del mundo, aunque en realidad... qué más da.
Mientras lo sepas tú, y mientras lo sepa yo, ya lo he dicho muchas veces.
El resto sobra.

Un cambio.

Necesito respirar de nuevo.
Odio el color negro.

Impotencia e Impaciencia.



I wish I was special, you're so fucking special...


Adoro cada centímetro de tu ser, me gustaría ser capaz de demostrártelo de alguna forma, pero soy fatal demostrando cosas. Hago todo lo que puedo pero siempre pienso que nunca es suficiente. Mis formas son simples y fáciles, aburridas. No como las tuyas. Mi niño consigues enamorarme con cada gesto, cada sonrisa, cada movimiento involuntario, cada regalo inmaterial, cada idea... Lo único que yo puedo darte que de veras se me dé bien son las palabras. Pero las palabras, por muy reales que sean, saben a poco sin actos, y el día que dejen de complacerte lo entenderé. Pero mientras que sean mis labios los que quieras besar yo seguiré intentando hacerte feliz -y conociéndome, si llega el día en el que te canses de ellos, seguiré intentándolo-. A palabras o gestos simples. Como pueda, como sepa.
A veces me gustaría besar cada milímetro de tu piel, fundirme con ella. 
Intentaré ser mejor por ti, ¿de acuerdo?
Me esforzaré, haré todo lo posible.
Me gustas mucho, Jorge. Demasiado...

The notebook.

- ¿Te quedarás conmigo? 
+ ¿Quedarme contigo? ¿Para qué? ¿Para estar todo el tiempo discutiendo? 
- Eso es lo que hacemos, discutir. Tú me dices cuando soy un maldito arrogante y yo te digo cuando das mucho la tabarra, y lo haces el 99% del tiempo. Sé que no puedo herir tus sentimientos porque tienen un promedio de 2 segundos de rebote y otra vez vuelves a la carga. 
+ ¿Entonces qué? 
- Pues que no será fácil, va a ser muy duro. Tendremos que esforzarnos todos los días y quiero hacerlo porque te deseo. Quiero tenerte para siempre, Tú y Yo todos los días. ¿Harías algo por mí?.. Por favor imagina tu vida dentro de 30 o 40 años, ¿cómo la ves? Si es junto a ese hombre, vete. Te largaste una vez y lo soportaré otra si creyera que es lo que quieres, pero jamás tomes la vía fácil. 
+ ¿A qué vía te refieres? No hay ninguna fácil, haga lo que haga alguien acabará sufriendo.
- ¿Podrías dejar de pensar en lo que quieren los demás? Incluso olvida lo que yo quiero y lo que él quiere o lo que tus padres quieren,¿tú qué quieres? 
+ No es tan sencillo.


Sí que lo es.

12.12.10

No tengas miedo.

Damos un paso, y otro, y otro. Siempre con el miedo de caer, de que algo falle, de tropezar o resbalar en el hielo. Hay tantos peligros cuando comienzas a andar, ¿cierto? Tantas dudas, tantos miedos, tantas inquietudes y preocupaciones. ¿Y si ella no quiere? ¿Y si vamos demasiado rápido? ¿Demasiado lento? ¿Le aburro? ¿Me quiere? No dejamos de hacernos preguntas, para las que no hay respuesta. Puedes cuestionárselas a esa persona junto a la que caminas y que no quieres que te deje atrás, pero no siempre se dice la verdad. A veces, las personas nos mienten "por nuestro bien". Quizá algo falle y ella no quiera decírtelo, por miedo a que te duela. Aunque en el fondo solo servirá para solucionarlo.
Por eso, la mejor manera de contestar a esas preguntas es no hacerlo, sino esforzándote. Tratando de ser mejor. Demostrándole a esa persona que la quieres lo suficiente para frenar y tomarte las cosas con calma, que confías en ella si quiere ir más rápido, que ella es tu mundo. No el dejes otra alternativa que quererte. No dejes que se aburra a tu lado con conversaciones estúpidas, llévala a un lugar precioso a contemplar el amanecer, déjala sin palabras.
Olvida tu miedo a fallar, y confía en ella. Y haz que ella pueda confiar en ti.
Mejorad uno por el otro.
Cread un mundo nuevo.
Contigo he perdido el miedo a todo. Eres algo nuevo por descubrir que no me canso de mirar. Eres alguien con quien iría al fin del mundo, con quien me quedaría dormida en el sofá viendo la tele, sin aburrirme. Alguien con quien quiero vivir mil y una cosas, con quien fundirme, con quier arder. ¿Has pensado alguna vez en todo lo que quieres hacer conmigo? Yo contigo sí. Pero nunca se me acaban las ideas.
Ojalá, cuando quisiésemos, pudiésemos evadirnos de la realidad a donde nadie nos conociese, a nuestro nuevo mundo, a nuestro lugar feliz. Ojalá no hubiese nadie en las calles cuando quiero quererte, ojalá nadie mirase raro. Ojalá tu sonrisa nunca se borrase.


¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me encanta(s) cuando sonríes en mitad de un beso?

11.12.10

Sólo quiero tu boca.

;)

Quizá sólo necesite perderlo todo.

Y así saber apreciar de una puta vez todo lo que tengo, todo lo que me das.

Dudando de si esto merece la pena.

Si yo merezco la pena, si te quiero, si me quieres. Si este mundo que hemos creado no es más que otro castillo de cartas que se derrumbará en su punto más alto, como siempre, y que me dejará caer contra el suelo, la realidad, una vez más. Tengo ganas de llorar pero no me sale, ganas de llamarte pero no de oír tu voz, ganas de sentir algo aunque sea tristeza, y no este vacío que me acosa.
No quiero besos, ni tuyos, ni de nadie.
No ahora.

10.12.10

Besos que saben a cerveza.

Sonrisa que no tienen precio. Gracias por calmar el huracán de mi alma, cuando empezaba a volver a formarse. He de admitir que a veces dudo, que pierdo equilibrio, pero tú conoces la forma de estabilizarme, de evadirme, de sacarme una sonrisa. Me he preguntado mil y una vez qué pasaría si tú y yo... bueno, si un día dejásemos de ser tú y yo, ¿me entiendes? Si un día fuésemos simplemente Jorge... y Lena. Que dejásemos de ser un conjunto, un nosotros. A veces me lo he planteado como posibilidad.
Pero cuando llego a la conclusión de que se acabarían momentos como hoy, como todos los días. Que ya no habría persona que me recogiese de la academia, que nadie fumaría conmigo cajetillas y más cajetillas, que me besaría cuando le prohibiese hacerlo, que aguantase días tristes, que me sacase una sonrisa donde solo había dolor, que estuviese ahí siempre que lo necesitase...
Sé, porque no soy tonta, que alguien distinto podría hacerlo también, hacer las mismas cosas. Pero no tendría los mismos gestos, la misma sonrisa.
Eres imprescindible.

9.12.10

Hoy es uno de esos días malos.

Me agobio sólo de pensar lo muco que me queda por estudiar, los tres exámenes más difíciles, y las notas que voy a tener este trimestre. Me siento un maldito desastre incapaz de hacer nada bien, que fuma y fuma a escondidas para ocultar entre el humo sus problemas.
Me siento una mierda.

...

Era lo que más ansiaba cada día, leerte.
Escuchar tu corazón.

8.12.10

Cigarros de liar que nunca se apagan.

No quiero pensar en el futuro porque hay posibilidades de que no estés, y eso duele. Prefiero dedicarme a vivir este presente a tu lado, siendo tú este sol de invierno que calienta mucho más que el verdadero, que mi alma triste ansía sentir a cada momento que no está al lado tuya. Me gustas mucho, mucho. No te lo digo como se lo dicen ellos, te lo digo porque me lo piden los dedos, la piel, cada parte de mi ser. A todas ellas les encantan. Mis manos no quieren separarse de las tuyas, mis ojos podrían mirar a los tuyos sin pestañear, siglos y siglos. Y qué decir de mis labios que ya no sepas.
Quiero jugar contigo a todos los juegos que sé, y a todos los que nos quedan por aprender. Quiero que nadie nos comprenda y eso nos haga aún más cómplices. Quiero que envidien nuestras imperfecciones aquellos que se creen perfectos, que les duelan nuestros defectos por no ser suyos. Quiero ser la guitarra a la que toques cada noche antes de dormir, quiero inventar todas las melodías que quedan por inventar, y repetir la que todos se saben de memoria. Quiero enredarme en tu pelo cuando no haya sábanas, oler tu perfume. Quiero crear cosas nuevas. Bañarnos desnudos a la luz de la luna.
Quiero contarte todos mis miedos para que los espantes, llorar todas mis lágrimas y que seas tu quien las seque. Que cuando salga corriendo, seas tú quien me persiga. Que seas tú el que me encuentre en mis nubes cuando me esconda de este mundo que no comprendo, y que me ayude a bajar. Y buscarle un sentido que tiene. Quiero reír de tus tonterías y escuchar lo profundo de tu corazón hablar.
Quiero todo, absolutamente todo contigo. Quiero ser olas y viento y una cometa que manejes.
Lo único que te pido y que no quiero, es que te marches, que desaparezcas.
Si un día salgo corriendo, y no me paras, no dejaré de hacerlo hasta tropezar. Y ya sabes qué pasa cuando yo tropiezo.
Si alguna vez subo a mi nube y es otro el que viene a bajarme, no lo haré. Saltaré desde lo alto y de cabeza.
Cerrando los ojos.
Y cómo último deseo, que seas tú el que me rescate.
Me tienes a tus pies y eso es algo que pocos pueden decir. Yo, que era la que tenía todo bajo control. Que si notaba que algo fallaba lo tiraba todo por tierra y desistía. La que jamás ha luchado porque tiraba la toalla mucho antes de empezar.
Me tienes tan desquiciada que no sé.
No sé.
Me consuelo que aunque no estés aquí, en mi portal, en mi cama, en mi sofá o entre mis brazos, estás en mi cabeza.
De ahí no te vas a ir nunca.
¿Verdad?
Quiero que lo prometas.
Si te vas, y sólo queda la ceniza, y el recuerdo, prometo no volver a fumar.
Lo juro.