20.3.12

Y entonces, lo pierdes.

Y te das cuenta que has perdido los buenos días tardíos, los piques, las horas muertas hablando por el wasplas, las noches de insomnio, y las de dormirse sin despedidas. Te das cuenta de que se acabaron las largas charlas sobre temas profundos, así como las horas y horas de conversaciones estúpidas. No más llorarle al papa para que te lleve a verlo, no más dormir con el sol en la cara, no más besos de esos...
No podía permitírmelo, ¿sabes?
No podía.