Estaba Adan sentado en el paraíso dilucidando entre el amor y el compromiso, intentando someter al corazón, sin saber que el corazon es filósofo insumiso. A su alrededor todo era poesía, de los arboles crecia solamente la ambrosía, más su apetito no era de filosofía, y como una letanía se decía que - ¡Ay dios mio, no se que estoy haciendo! Quiero obedecer al corazón sin traicionar al sentimiento, mas mi pasión me exilia al remordimiento por buscar la libertad a pesar del sufrimiento; resumiendo, Adán fue el primero de los sabios que entendió que hay tantos mundos como labios, que la pasión es prima hermana del calvario, y a veces lo necesario es ser sincero con la polla. Y asi le dijo a Eva, el amor es una rueda, ha sido muy bonito pero sálvese quien pueda. Yo ya no duermo cueva, necesito savia nueva y buscar en otros labios la textura de otras sedas. Y Adán se fue a buscar la libertad, sí, sí, que es un país al norte de la soledad, mas no todo es tan sencillo, ya se darán cuenta que después del estribillo es cuando empieza la tormenta.(...)
Segunda parte de esta historia de amor, eterna guerra de la entrepierna y el corazón. Adán sin ella, así es como lo cuentan las estrellas, yo sólo me limito a darle voz a esta epopeya; dice:
Es sábado y Adán ya es un soltero penitente, solo entre la gente de una ciudad encinta, sin mas preocupación que la de dormir caliente constantemente con una mujer distinta. Y así, todas las noches una cita, mujer o señorita, condición indispensable: ser bonita. Adán el sibarita, fue un filósofo del sexo que buscó la paz de espíritu a través del cuerpo, pero en este cuento no todo eran placeres, porque hay tormentos que no curan las mujeres. A lo mejor es que Adán busco el sabor de lo distinto, sin saber que sin amor todos los besos son el mismo. Y en el mismo momento en su mente estuvo claro, supo que tener a quien amar es un regalo. Declaró que el corazón es dictador y esclavo, y buscando redención le dijo a Eva esto que narro:
De nuevo te lo ruego, que... sabes que soy tuyo, desde luego, pe...ro a veces voy tan ciego por la vida que... si no vivo me muero, y si no muero se me olvida que te quiero sin medida.
De nuevo te lo ruego, que... sabes que soy tuyo, desde luego, pe...ro a veces voy tan ciego por la vida que... si no vivo me muero, y si no muero se me olvida que te quiero sin medida.
No sabes cuantas veces te he llorado, cuan amarga es la saliva de los labios del pecado, ya no cambio tu amor por una vida de disfraces, sólo por esta noche finjamos hacer las paces.
(...)
(...)
Creo que acabo de entenderlo.