No puedo más. Voy a estallar en lágrimas de un momento a otro, no aguanto todo esto. Me está matando por dentro, me está quemando y ahogando. No me deja respirar. No entiendo nada, no alcanzo a comprenderte, ni a comprenderlo. Ni a comprender por qué mierda estoy aquí, llorando, ya por tercera o cuarta vez. He llorado por ti más días de los que te he visto, más de lo que nadie se imagina.
Y no sé por qué. Todos me dicen las mismas palabras que no consuelan. Vamos, eres Katy, tú no eres así. Venga, anímate, mándalo a la mierda. ¿Dónde está tu orgullo? No merece la pena, ¿cómo puede gustarte?
Y yo no sé qué responder, no lo sé de verdad. Porque no sé qué es lo que me gusta de ti. Me gustan tus ojos verdes y casi siempre rojos, tu sonrisa extraña, como triste. Me gusta tu pelo rubio pollo y tus raíces y cejas negras. Me gusta la forma en la que me abrazas a veces, o no dejas que me enfade. Me gustan los mensajes que me mandabas, las ilusiones que me creabas. Las falsas ilusiones que me sigues creando.
En realidad, para qué mentir, me gusta todo de ti. Me gusta tu voz, me gusta como tocas la guitarra, cómo te mueves, tu nariz torcida, tu mirada perdida, tu forma de fumar. Me gusta todo aunque a los demás no, me gusta aunque los demás me digan que no debería gustarme. Me gustas aunque no sepa como decírtelo, por saber que no me correspondes.
Estoy echa un mar de lágrimas y tú nunca lo sabrás, nunca te diré todo lo que he llorado esta semana simplemente por no poder hablar contigo, la tortura que fue verte ayer y buscarte, y no encontrarte. Y encontrarte hablando con otras, sin mirarme. Como si yo no existiese.
Y supongo que sí, que te gusto un poco. Pero sé que nunca seré ella, sé que nunca lo seré y me jode aunque no la conozca, y no te conozca a ti. Porque nunca he sentido esto que me está destruyendo por dentro, y no alcanzo a comprenderlo. Porque quisiera saber todo de ti y tú no te atreves a hablarme, y yo no sé si cercarme. Porque te toco el brazo y tú crees que es sin querer. Porque te digo feo cuando me moriría por estar contigo en esos instantes. Estoy consumiéndome como un cigarro entre tus dedos al que apenas das caladas, joder. Estoy pasándolo como nunca lo he pasado porque a ti se te ha ocurrido ponerme en tu lista de tías a las que putear.
Nunca me he arrastrado lo suficiente por nadie. Nunca he dejado que se riesen de mí, nunca. Y por ti... por ti, estoy llorando. Por ti fui al SOS el sábado, por ti fui ayer al concierto, por ti me he ganado peleas con mis padres y me he pasado noches enteras en vela. Por ti haría cualquier cosa. Te odio, te odio no de broma sino con toda mi puta alma. Te odio... y aun así sé que, si me mandas un mensaje, lo responderé. Si me pides perdón te perdonaré, y si me dices que quieres verme te diré que sí, aunque me vuelvas a dejar tirada.
No sé por qué es todo esto así, no sé que tienes o qué dejas de tener. Solo sé que no lo he sentido nunca, y que quiero dejar de sentirlo. Que quiero un poco de estabilidad o desaparecer.
Quiero que se vaya este puto sentimiento que me está envenenando y que tiene tu firma.
Y tu olor.
Y tus labios.
Joder, te echo de menos, Sweeteyes. Te echo de menos.
Te echo de menos y ayer no hablaste conmigo.
Solo un par de besos, o algunos más.
Y una promesa, de que volvería a verte pronto.
Otra más, otra que romper.
Y sin embargo me gustaría morir hasta ese momento, de volver a verte.
Quiero oírte pronunciar ciertas palabras.
Quier, quiero, quiero...
Uf.
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