Y sé que debería olvidarte, y de hecho a veces lo consigo. Este ambiente cargado y muerto, las caras de sueño, el acento dejado y sin emoción al que estoy acostumbrada, y sobretodo las miradas tristes, consiguen lapidar la perfecta armonía en la que me encontraba a tu lado. Tu cara siempre sonriente. Tu acento italiano. Tu jodidamente perfecta sonrisa. Pero por la noche, por mucho que lo intente, vuelven a mi cabeza todos esos recuerdos, las pocas noches que pasé contigo, las miradas, los momentos que nunca querré olvidar. Y joder, gracias Dios por hacerme recordarlo.
Porque podré hablar de muchos ahora, muchos me harán feliz y yo haré lo posible por corresponderles. Pero sé que en cuanto se me presente la oportunidad correré a tus brazos. Como una kamikaze. Por favor, no me permitas verte de nuevo a no ser que sea para siempre. No podré sobrellevar otra despedida. No si eres tú el que se va.
Ahora que me faltas sé que no quiero que me faltes nunca.
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