29.9.10

Sí,


(te) quiero.





 No hay nada peor que ir al gimnasio con tu pareja. Estás todo el rato vigilando quién se le acerca, qué le dicen y qué hace y como responde... De vez en cuando veo esas parejas. Un beso al final de cada serie. Y después, tras el entrenamiento, la pregunta obligada : ¿Qué hacemos esta noche?
Porque una pareja debe tener su programa. De lo contrario, ¿qué clase de pareja es? Si en cambio estás libre, automáticamente el músculo trabaja el doble, debe ponerse en evidencia él mismo para pillar. Las máquinas y las pesas casi fingen trabajar, silenciosos espectadores de quién sabe cuántos amores calculados. Claro que sí, porque acabada cada serie la gente se mira, se sigue el rastro. Una sonrisa y después dale con la charla inútil: quién eres, dónde estuviste ayer, qué local han abierto hoy, qué planes tienes para la noche, qué haces mañana y cuánto dinero tienes.
En definitiva, si vale o no vale la pena follarte.

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