Me desquicia que seas tan egoísta, tan egocéntrica. Que sólo pienses en ti y en lo que te conviene, que te dé igual hacer sentir mal a los demás con tal de que tu seas feliz. Me asquea tu forma de hablar con los demás y conmigo, como si lo supieses todo, como si fueses superior a nosotros. Odio que siempre esperes que todo el mundo te de las gracias por lo que haces y que no hagas un favor sin estar segura que te lo van a devolver. Te odio, me das tantísima rabia que a veces no sé cómo puedo aguantarte enfrente mía sin darte una buena hostia.
Pero lo que más aborrezco de todo es que jamás seré capaz de decirte nada. Y no por vergüenza, o porque tenga miedo. Porque no lo tengo. Sino por pena. Porque eres una chica que, -y por mucho que vayas de independiente-, es incapaz de hacer algo sola. Porque eres insegura, porque tienes millones de complejos absurdos, porque no tienes personalidad, porque te importa mucho más lo que los demás piensen de ti que lo que de verdad piensas tú. Porque eres infeliz y lo sabes, y lo único que te consuela es hacer la vida de los demás algo más parecida a la tuya. Y eso es patético.
Pero yo no te diré nada. Ya te darás cuenta tú misma, o eso espero. Y también espero que, si un día lo haces, le pidas perdón a todos aquellos que estás jodiendo. Porque se lo debes, a ellos y a mí. Porque tú eres quien eres gracias a mí, y lo sabes. Porque me dejé utilizar. PORQUE TE SAQUÉ DE LA MIERDA, y me llené de ella creo que demasiado como para que tú ahora tú me lo devuelves así. Pues bien, no voy a decirte todo esto, ni siquiera creo que lo leas. Pero sé que si algún día lo leyeses, sabrías que estoy en lo cierto y te darías por aludida. Y te odiarías incluso más de lo que ya haces.
Paso de poner colorines y mierdas.
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