4.9.11

Lo siento.

Estoy hasta los mismísimos cojones de no comprenderte.
De no saber qué quieres, ni qué buscas, ni qué pretendes.
Odio tus chulerías, que me vaciles,
que creas que puedas tratarme como a tus demás putitas.
Porque yo no soy una de ellas.
Yo jamás perteneceré a nadie, porque soy libre.
Odio que nada de lo que te pueda decir te moleste,
y que me mientas y aún siga pensando que eres un buen crío.
Porque no lo eres.
Porque me insultas e insultas a quien me importa.
Porque me desprecias y les desprecias,
a mí por ser mujer y a ellos por su piel oscura.
Sé que debería dejarlo ya, que no vale la pena,
pero quiero cambiarte. Quiero conseguirlo.
Quiero hacerte ver que una de esas personas a las que menosprecias
puede salvarte la vida cualquier día de estos.
Que quizá un día te enamores de una chica,
y ésta no sea rubia y tenga los ojos claros, sino todo lo contrario.
Ojalá, ojalá te ocurra.
Ojalá tengas que arrepentirte de todo lo que ahora dices,
y haces, y juras, y sobre lo que escupes o juras.
Lo siento Juanjo, pero de verdad que siento dentro que te mereces una paliza.
Un puñetazo en el ojo, la boca llena de sangre el cansancio y el dolor de no poder más.
La vergüenza de la derrota.
Las lágrimas de rabia.
Te lo mereces, todo eso y más.
Te lo mereces hasta que aprendas.